Soy el menos animal en el zoológico,
nadie me lanza migajas de pan
o trozos de carne.
Como el concentrado que me sirven,
cuando me lo sirven.
No soy presa de nadie
y ni siquiera he atrapado un gusano.
Mi jaula no la cierran con candado,
a veces la puerta permanece entre abierta
y no me escapo.
El silbido del vigilante
y el paso de los niños al otro lado de la reja
son mis conversaciones perdidas.
domingo, 17 de marzo de 2013
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