A veces parece que soñamos por error:
atravesamos el laberinto
con una daga en las manos
sin necesidad de volver o de reconocer los caminos.
Encontramos a una bestia furiosa,
la liberamos.
El minotauro arranca a correr deprisa,
los cuernos contra el mito.
Lo heróico, de noche, escapa del orden divino.
lunes, 19 de noviembre de 2012
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