jueves, 12 de julio de 2012

A Alvaro R.T.


Nos despedimos antes de ser presentados
cuando sólo tú existías.
Renovamos el juramento en nuestra
correspondencia constelada.
Cada carta, como dijo tu querida Anna, 
es un tren sobre el abismo 
que se descarrila de impaciencia.
No expiaremos el pecado de Orfeo.

2 comentarios:

Tristan Trilce dijo...

"El pecado de Orfeo". Asombroso cómo causa perplejidad lo que habría pensado me causaría indignación.

Iba a leer al azar, sin orden, y empecé por este. No voy a continuar por hoy. Quiero decir que son las cuatro de la mañana y acabo de leer este poema. ¿Qué más puedo decir? ¿Alguien pretende que continúe? ¿Alguien quiere decirme cómo voy a poder dormir?

Tania Ganitsky dijo...

Andresito, por si vuelve a mirar eso, lo del pecado de orfeo no me lo invento yo, en el espacio literario blanchot dice que la impaciencia es un pecado y que ese es el pecado de orfeo...

Creo que no descanso, porque en Halloween se veía bien trasnochado.